EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 30 de julio de 2016

AGUSTÍN CALVO GALÁN

A.C.G. junto a "Sinnende" de Gabriele Munter. Lenbachhaus (Múnich)

Tal vez todo se ponga en marcha con una palabra, con una frase. Pero antes de esa palabra o de esa frase ha habido un estímulo inicial, una frase encontrada en una novela o en un ensayo o en un poema; también puede haber sido el descubrimiento de un artista plástico, un diálogo de una película o una escena sin diálogo, un paseo por la ciudad o por el campo, un viaje con alguna motivación: visitar Ronda, Lisboa, el castillo del Duino, la casa de los rusos en Murnau y, después, recordar únicamente los apuntes tomados en una libreta. 

Escribir me inspira sensaciones muy contradictorias: me aísla del mundo, pero también me conecta con el mundo; me salva del mundo, pero además me condena a su comprensión. Por eso es una duda constante, un estar en el filo de lo posible, trabajar el idioma amándolo y odiándolo a la vez, rechazando sus límites o aceptándolos ilimitados, un lanzarse a un espacio de tranquila ebullición. Escribir es ser en este mundo. No una manera de ser, no una manera de estar y comportarse, tampoco una conciencia del ser, no... Escribir es ser absoluto y contradictorio.


Poemas


VENDIMIADOR

El poeta también va a la vendimia,
                                   recoge frutos,
selecciona, respira hondo y
                        corta
                        el racimo
                        secamente,
                        ejecutando el drama,
lo deposita, con cuidado enfermizo
entre el resto de lo ya cortado.
Después, poco a poco,
con la paciencia necesaria,
en solitario, irá pisando versos
            y transformando su cosecha.

Nada es del poeta,
                                   salvo la transformación.


De A la vendimia en Portugal (Amargord, 2009)


 ***


Lo intento, zozobro cuanto sé,
dudo al inmiscuirme entre los que hablan,
como el brazalete del capitán, anunciando
una defunción,

Lo consigo, la naturaleza cruel
no sabe de mi indiferencia, bajo el bosque
yacen mis árboles,

Lo diluyo, como el helecho
en el posible fracaso de cumplir
imprevistos y promesas,

Lo administro, sabiamente alguien
me niega la redención, hablo
de comer vorazmente,

Lo eternizo, el hambre tiene
tiempos vivos, expiación,
fortuitos intentos de predecir,

Lo dudo, sin conseguir
una adaptación satisfactoria,
sin conseguir el absoluto
de procrearme en lo que escribo,

Lo que soy, someramente
enunciado, es el principio
de mí,
tanto solo como en compañía.

                                                          
                        De GPS (Amargord, 2014)


 ***


No quiero nada más,
poder llamarte
poseer tu nombre,

Ni siquiera el idioma,
la heroicidad de entenderse
dos,
como dos cachorros que se husmean,

Rondarse por los brazos
en los bulevares que llevan hacia el norte,
rodearse por la cintura
y una zanja bajo la que se escapan
las aguas de toda la ciudad hacia
la pestilencia,

Ni siquiera el idioma
nos ayuda
a ser.


De GPS (Amargord, 2014)




***

Schlafzimmer in Murnau

Eran tantas las ganas de encontrarte
que no veo tus pinturas,
no puedo verlas,
sólo me veo a mí misma

me estás mirando,

me estoy mirando
desde la foto expuesta
sobre el escritorio.

Dudo de mi nacionalidad,
al igual que Vieira da Silva, ¿habré perdido la mía
por amar a un extranjero?


De Amar a un extranjero (Denes, 2014)


Agustín Calvo Galán


Hay dos momentos fundamentales en mis inicios en la creación poética. El primero, en mi infancia: recuerdo el momento exacto en que escribí mi primer poema, durante una Nochebuena, después de ver en la tele “Doctor Zhivago” de David Lean. Tenía unos diez u once años. Desde entonces he seguido escribiendo; no obstante, me siento tan principiante como aquella primera noche. El segundo momento es posterior, se produjo en mi juventud, cuando conocí los poemas visuales de Joan Brossa –gracias a las exposiciones que se hicieron sobre su obra en Barcelona durante los años ´80 y ´90– y entendí que la grafía significaba también visualmente.

Así, me he movido entre dos mundos poéticos: el textual o versal y el visual, entendiéndolos como dos maneras disímiles, pero no excluyentes, de crear. Tanto desde la mera expresión escrita como la visual, desde un punto de vista plástico, mi poesía forma un conjunto unido por una intencionalidad que se retroalimenta.

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